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I Eclipse -Amatista-

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Nicholas Donovan
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Anochecer I Eclipse -Amatista-

Mensaje por Nicholas Donovan el Vie Mayo 20, 2011 3:01 pm

Había salido de la habitación y se había fundido con las sombras, sin esperar siquiera a su amada, no por falta de respeto, sino que porque ella sabía que el siempre le esperaba primero con alguna nueva sorpresa en ese rincón alejado de toda realidad existente en donde ellos dos podían revelarse entre los secretos mas oscuros, sus verdaderas formas, aquellas con que se conocieron dentro de esas cuatro paredes. No eran "El Príncipe Oso" ni "La Princesa de la Rosa Roja", eran solo Dahlia, la flor más misteriosa del jardín de aquella mansión, y Nicholas, el más fiel de los juguetes de esta.

~ Despues de todo...

...Nicholas le pertenecía a Dahlia en cuerpo alma, esencia y presencia, todo lo de él era parte de sus dominios, incluso sus sueños que viajaban desde los más absurdos hasta los mas sublimes... ~


Abrió la puerta de la habitación, deteniendose en el marco de la puerta y esta se iluminó, las paredes de un blanco calizo, el techo destruído unas cuantas cortinas verdeagua cubrían unas ventanas ataviadas de trozos de madera que alguna vez fueron vidrios, el suelo carcomido a través de los años por las termitas, ¿Cómo era posible que aquella habitación contrastara tanto con la imagen pulcra del príncipe?, Fácil, el mantenía esa imagen en esa habitación, porque así estaba la primera vez que cruzó mirada con Dahlia, hae muchos años atrás, muchos más de los que incluso el recordaba, o así lo hacía creer.

Dió un paso hacia adentro y en su cabeza comenzó a prguntarse con que sorprendería a Dahlia, algo que no hubiese hecho, alguna sorpresa encontrada en algún libro por ahí que le arrebatase el corazón de la emoción de saber que pese a estar por la eternidad en aquel reino sin fin, siempre podía contar con el viaje a los lugares más recónditos del universo en sí. Y una sonrisa se dibujo antes de que el primer paso se concretase, la idea ya había nacido y había que ponerla en pie, puesto que los pasos de su amada ya se sentían en el pasillo

Su pié pisó suavemente el suelo concretando el primer paso dentro de la habitación, y el suelo al recibirle comenzó a tomar una tonalidad oscura, tornando el piso de maderas apolilladas en una base echa del granito y mármol mas puros y finos, de un color azabache intenso y sendas grietas terrosas, que daban la sensación de estar encerrados en la caverna más oscura del vacío existente. El avance no cesó ahí solamente, sino que llegó a las paredes y subió hasta cierta altura, unos dos palmos aproximadamente y cesó su avance violento a través de la habitación.

- Bien, una menos, ahora falta el resto - dijo como si alguien más estuviese en la habitación.

Llevó el segundo pié para acomodarse contra el que ya había avanzado, y cuando este tocó el suelo junto a su par, un hálito blancuzco voló por sobre el suelo amarmolado, y esta vez se posó por sobre las paredes purificando ese blanco otrogado por la cal, y siguiendo la línea anterior, un mármol puro, sin grietas o rajaduras, casi tan pulcro como el que los dioses griegos poseían en el Olimpo mismo, subía hasta el techo cubriendo este también, para finalmente juntarse al medio de todo, y dar paso a un gran candelabro invertido que colgaba del techo, el diseño era sencillo, puesto que constaba de los fierros curvos que comenzaban todos juntos en el centro y luego se deformaban en una graciosa curva volviendo al techo, para que su extremo más lejano, la puntita final, acabase en un curva que dejaba una cadenita con una cadena que caía y al final tenía un racimo de amatistas; eran ocho de estos fierritos, los cuales sostenían cuatro velas de un suave brillo, el cual al hacer contacto con las amatistas colgadas, dibujaba en las paredes lineas de un púrpura pálido, que daban traspié a las más graciosas imágenes que uno pudiese imaginar.

Abrió los brazos, satisfecho con lo que había hecho, y moviendo los brazos como si una orquesta dirigiese, dejó que el viento comenzase a bailar, moviendo las llamas de las velas y con estas las líneas que se generaban en las paredes, iluminando un espacio en el centro de la habitación, dejando que las luces danzaran en una espiral sin fin, en donde pequeñoz trozos de tela tomaron forma de un jardín violáceo.

Los pasos de su amada ya se hacían evidentes por ende dejó que las luces se apagasen, y salió de la habitación, vió como esta se acercaba a él y como el caballero que era, avanzó quitándose los guantes y tomando las frágiles manos de la doncella, las beso y las besó con tanta emoción acumulada, que el aire se volvió denso de tanta emoción, de tanta pasión ingenua, el oscuro pasillo solo era iluminado por pequeños rayos de luna que se colaban por entre las cortinas que cubrían las cortinas del pasillo, más cuando el besó sus manos, incluso la luz más lejana, se apaciguó, como respetando el entorno que cubría a la joven pareja.

- Bienvenida amada mía - le dijo suavemente cuando alejó sus labios de las frías manos de aquela que se presentaba frente a el; soltó una de estas y le dirigió suavecito hacía su lugar especial. La puerta entreabierta dejaba escapar un aura de oscuridad plena, dejando la sorpresa a flor de piel.

El entró primero, fundiendose con la umbra que ahí habitaba, sin soltar la mano, la atrajo hacia si mismo, y le dejó avanzar a la habitación, para cuando ella hubo entrado, las luces de las velas enendieron al unísono, los haces de luz comenzaron a viajar hacia todos los rincones de la habitación, quebrando el aire, rasgando la realidad en sí, y de estas heridas nacían a puñados unas pequeñas mariposas transparentes, que graciosamente volaban en pequeñas espirales, dando una vuelta y dejandosé en aras de la muerte, precipitandose al suelo, marcando un pasillo hacie el centro de la habitación en donde se erigía tan frondoso rosal.

Sin soltar la mano, avanzó llevandole nuevamente, esta vez, hacia el centro de la habitación, y con cada paso que daban, las rosas se abrían hasta sus extremos mayores, dejando a su paso, una colcha de pétalos destazados en el suelo, casi como ua cama de rosas, en el centro de cuales descansaban cojines de diversos tamaños y formas, y como no era de esperar, la pequeña vitrola vieja de la recepción, que comenzaba a sonar su tonada...

♪♫♪~Say
Where is my shame,
When I call your name? ~♪♫♪

Y escudado tras esta frase, el joven príncipe susurro con todo el amor que ha cultivado a lo largo de esta eternidad un suave y sublime - Te amo -.



† - † - † - †

"Be carefull peasant, i'm your prince, i'm your master, i'm everything in your world..."  
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Dahlia Carnation
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Anochecer Re: I Eclipse -Amatista-

Mensaje por Dahlia Carnation el Miér Mayo 25, 2011 7:54 pm

Danzando fue como decidió avanzar hacia la habitación de su príncipe, para darle tiempo de preparar el lugar. El, con su carácter detallista, nunca dejaría nada sin pensar, nada al azar, así que lo dejaría deleitarse con la creación, hábito, (y hobbie) habitual en él, en el cual se destacaba. En cambio, ella disfrutaría el momento que significaba la expectación, el intentar imaginarse que era lo que su príncipe le prepararía para esa noche.

Era con él con quien había aprendido a sentirse una princesa; merecedora de todos los lujos y detalles del mundo. No en el sentido material, si no que en un sentido mucho más profundo. Era la dedicación de Nicholas, desde un comienzo, desde que comenzasen de abajo, como meras ratas que limpiaban el lugar para convertirlo en un acogedor hogar, lo que la había convencido, lo que le había llevado el verdadero sentido de sus palabras, cuando le susurraba que era una hermosa rosa roja. Y ahora, todas esas ideas se habían materializado en la más pura verdad, que solo podría ser leida por aquellos que quisiesen verla.

Su rostro curioso primero osó asomarse por la puerta, y luego avanzó sin pronunciar palabra alguna, encendiéndose las velas. Las luces danzaban por su blanca tez, y por sus ojos, dándoles el aspecto infantil que siempre debieron tener, mientras las luces les iluminasen, como transformando una y otra vez a Dahlia, en la Dahlia del pasado, con la del futuro.

Esta vez fue la pureza del blanco la que la acogió; nada más cercano a lo que podía significar para Dahlia "ver la luz". Sombras aterciopeladas de colores violáceos lamían las paredes, dándole un aspecto entre cálido y frío a la vez. La maldita contradicción de la cual Dahlia se alimentaba. Mariposas nacieron en el camino, y en el momento que Nicholas le besó la mano, una mariposa perdida se posó sobre la fría piel de la princesita, para caer muerta, y unirse al destino de los demás insectos. Se dejó ser guiada, se dejó ser querida, solo porque era él.

Fue llevada al centro de la habitación, donde la canción... su
(nuestra)
canción, sonaba y hacía que los recuerdos recorriesen su columna vertebral, provocando escalofríos reconfortantes, teñidos con la melancolía de quien recuerda un buen hecho del pasado. Eso sumado a las dos palabras cúlmines pronunciadas por el único ser parado en la tierra al cual Dahlia le tenía importancia, cariño.

Amor.


Sin pensarlo, se acercó más a el. Acercó su rostro al del príncipe, y luego de unos eternos segundos, lo ladeó, dedicándole un suave beso en la mejilla. En ese instante fue como si el tiempo se congelase; las llamas de las velas quedaron estáticas, al igual que las sombras que provocaban en las paredes. Las pocas mariposas que aún intentaban volar, quedaron congeladas en el aire, como si de un retrato se tratase.
Solo ellos se movían, solo ellos respiraban. Todo ocurriendo en el tiempo en que se tarde en depositar un beso en la fría mejilla de su compañero.

- Quiero que este momento no termine nunca -

Nunca había sido una chica de palabras. Pero cuando hablaba, sus palabras reflejaban la más pura sinceridad, sus más puros sentimientos, lo que realmente deseaba, con todo el corazón. Le tomó la mano, y le sonrió, con la inocencia del animal que caza para alimentar a su cría, sin darse cuenta de que el pobrecillo animalillo está asustado por el olor a sangre.

Tomó asiento, y esperó que Nicholas hiciese lo mismo. Sencillamente clavó sus ojos en los de él, trayendo recuerdos de un pasado, un pasado ya casi olvidado, disfrazado de solo buenos momentos que habían compartido. Un pasado que los había vuelto lo que eran ahora.

Esperaría en silencio, porque si le había llamado, tal vez no era tan solo para rememorar las reuniones bajo la luz de unas pocas velas, si no quizá para conmemorar algún motivo en particular. Rozó su mano, colocándola sobre la de Nicholas. Su mano era fría, como la de una muñequita, aunque al tacto podría sentirse suave, casi etérea, incorprea.

Quería decir algo, pero no sabía que. Quería hacer algo, pero no sabía que.
Se sentía como la chiquilla que lo vio por primera vez, sin saber que decir, ni que hacer, sin saber que pensar. Nerviosa como la primera noche que le vio abrir las ojos, y emocionada como le había esperado cada noche en la oscuridad, esperando que iluminase su vida con los relatos sobre la vida allá afuera.
Así, como la chiquilla enamorada que era, se quedó en silencio, esperando que el tomase las riendas del asunto.


{Siento lo extraño, la verdad es que no se muy bien que postear u/u Si no te gusta, qwerty, me dices & veo que edito}

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