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[♘] ¿Saliendo o entrando de la pesadilla? (Libre)
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[♘] ¿Saliendo o entrando de la pesadilla? (Libre)

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[♘] ¿Saliendo o entrando de la pesadilla? (Libre)

Mensaje por Invitado el Dom Feb 17, 2013 2:02 am

- Unnngh... -

Un sonido lastimero recorrió la distancia, dislocándose en la esquina, trastabilleando por los pasillos. Una figura decorando nada elegantemente la duela del piso, extendida pesadamente sin mover ni un dedo... era un niño, al menos lo que quedaba de uno, pues la espalda de su saco estaba hecha jirones y el tono púrpura de la seda se teñía oscuro con manchones de sangre. Lasceraciones en su blanca carne terminaban de darle un toque siniestro a la escena. Pareciera que lo hubieran golpeado severa y repetidamente, con alebosía y ventaja, un acto criminal sin justicia alguna. Los ojos del rubio estaban entreabierto, apenas si un ápice de luz iluminó el azul de su nublada mirada, mostrando que estaba aún lejos, recordando lo que fuera que le hubiera pasado.

En su mente, las cosas eran vagas, iban y venían, imágenes confusas, borrosas... pero terribles. Diría que terminaba de despertar de una pesadilla, pero entonces sus heridas se la cobraban.

- Ouh... ¡ouch!... -

Intentó reponerse luego de un rato, llegando a la conclusión de que no importaba qué había pasado, sino quién había sido el culpable: eso no lo iba a olvidar y estaba seguro que había pasado...

- Maldito... enano... estúpido... lo odio... lo odio... -

El odio renovó sus fuerzas y cerró los puños para golpear el piso

- ¡¡LOODIOLOODIOLOODIO!! -

Una y otra vez, sus nudillos fueron a dar contra lo duro de la madera, enrojeciéndolos al abrir la tierna carne. El dolor parecía poco ante la humillación, pudo recordarlo con esos ojos brillantes burlándose de él en el piso, recibiendo cada golpe de la fusta, escuchando la carne mancillarse con el cuero... apretó los dientes y tembló de rabia, lo quería muerto ¡que se pudriera entre gusanos! ¡Que le perforaran las entrañas! Un sollozo... se hincó y se cubrió el rostro con la manga del saco mientras lloraba como el mocoso que era. Se limpió el rostro y se puso en pie, sintiendo el rigor de sus heridas... se tambaleó y terminó apoyando el hombro contra la pared para no terminar de nuevo sobre su sangre, encharcada en el piso.

Comenzó a reírse... pobre Fausto, víctima de sí mismo.
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Re: [♘] ¿Saliendo o entrando de la pesadilla? (Libre)

Mensaje por Emily Sheppherd el Dom Feb 17, 2013 3:18 am

Sus pequeños pasos casi no resonaban en la madera del piso, como si no pesara casi nada. Era el único regalo de la naturaleza, para el inocente conejito andar con suavidad y siempre poder correr. Aunque a ella no la había bendecido del todo la agilidad, se notaba en sus piececillos una ligereza natural que le permitía alejarse sin ser escuchada siempre que podía. Pero esa vez no iba intentando pasar como si nada. Sus mejillas y el derredor de sus labios estaban manchados con migajas pero no se molestó en limpiarse pues estaba sola –o eso esperaba-. Masticaba una deliciosa galleta de chispas de chocolate de las que había encontrado en la cocina. En su bolsillo, envueltas en un pañuelo limpio, había otras cuantas que guardaba.

Era la primera vez que subía hasta ese sitio tras haber llegado al orfanato de nuevo. Había decidido que sería conveniente conocer lo mejor que pudiera ese lugar. Le había tomado varias horas y distracciones antes de obligarse a reunir el valor suficiente para seguir adelante. Las galletas servían, se sentían deliciosas y sobre todo reales. Recordaban tiempos mejores que ya casi había olvidado del todo. Le decían que existía gente bondadosa capaz de hacer algo tan rico. El mundo no estaba lleno solo de monstruos. Quería convencerse de que no era así.


-Ñam, ñam… -masticaba el ultimo pedacito de galleta.

Se encontró de repente en el inicio de ese largo pasillo que inspiraba temor y reverencia. Sus rodillas pensaron en flaquear pero no lo hicieron. Debía sobreponerse. Suspiró para luego dar un paso, cuando se dio cuenta de que sus manos estaban llenas de migajas como estaría su carita. Hizo ademán de limpiarse con el dorso de la mano cuando recordó que eso estaba mal, era de mala educación. Su pañuelo estaba envolviendo las galletas restantes así que solo le quedó ir en busca de un aseo. Giró por sobre sus talones, segura que la sonrisa que se le había salido era solo una ilusión.

Caminó un poco hasta que encontró lo que buscaba. Se enjuagó en un lavabo con mucho cuidado, pero cuando iba a tomar la toalla se dio cuenta de que estaba demasiado sucia. Miró a su alrededor, con la barbilla goteando agua al igual que sus manos, y fue a por un poco de papel higiénico con el que se secó finalmente. Salió satisfecha y regresó sobre sus pasos.

-¿Qué es lo que estaba yo haciendo?... –se preguntó en un murmullo, llevándose un dedo a la barbilla, mirando al techo.

De repente se dio cuenta de que sus pies la habían llevado de vuelta. Miró por sobre su hombro y vio el inicio del largo pasillo. Era como si la atrajera. Entonces se produjeron los gritos…


- ¡¡LOODIOLOODIOLOODIO!! -


Retrocedió un paso. Sus manos se habían alzado a la altura de su pecho, juntas en pequeños puños temblorosos. ¿Qué cosa había ahí, tan enojada como para gritar de esa forma? Tragó saliva mientras sus pupilas parecían temblar un poco… Algo se movió… ¡¿se acercaba a ella?! De inmediato dio la vuelta a aquella esquina del pasillo y se quedó detrás del muro, aguardando, demasiado asustada como para atreverse a mirar, preparada para correr en cualquier momento. ¡¿Por qué no terminaba de huir de una vez por todas?! Se le habían agotado las excusas, tan sencillo como eso. Apretó de nuevo los puños y escuchó un sollozo. Miró por sobre su hombro como si esperara ver aparecer un monstruo ahí. Nada… Lentamente se acercó y miró hacia el pasillo.

Había ahí un niño apoyando su hombro contra la pared, cansado y lastimado. ¿Lloraba acaso, había sido él quien gritó? En el suelo había un charco de sangre al igual que en las ropas de ese niño. Era aún más pequeño que ella y estaba muy lastimado. Abrió la boca un poco, como si fuera a decir algo y luego la cerró con fuerza, apretando los labios. Salió de su escondite y se acercó con pequeños pasos hacia el chico. Sus manos no habían abandonado su posición sobre su pecho. Aun temía un poco, pero su conciencia no le podía permitir abandonarlo. Acortó la distancia tanto como pudo, deteniéndose antes de que sus zapatos tocaran la sangre.

-O, oye, estás sangrando… -se sintió terriblemente tonta en el instante en que dijo eso- ¿Qué pas…? –Negó con la cabeza una vez, con fuerza- déjame ayudarte, ¿puedes caminar?

Sus zapatos al fin tocaron la sangre cuando tendió sus manos hacia él con cuidado para intentar ayudarle a andar. Ahogó un gritillo cuando vio lo lastimada que estaba su espalda. De ahí provenía casi toda la sangre de seguro. Se colocó de perfil a su lado y tomó su brazo para pasárselo sobre sus hombros. Intentó no colocarle la mano en la espalda para no herirlo y solo le permitió apoyarse en ella, si la dejaba. ¿Qué debía hacer ahora… donde?
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Re: [♘] ¿Saliendo o entrando de la pesadilla? (Libre)

Mensaje por Invitado el Lun Feb 18, 2013 1:48 am

Emily Shepperd escribió:O, oye, estás sangrando… ¿Qué pas…? déjame ayudarte, ¿puedes caminar?
A sus espaldas, ese sonido molesto parecido al de una voz... más bien, parecía el zumbido de una abeja en ese instante para Fausto, una pequeña abeja molesta. Ocultó su rostro de ella, no quería que lo viera llorar, así que se talló repetidamente la cara con la manga de su saco, dándole la espalda, escuchando su respingo ¿tan mal se veía? Jodido enano...

Al tenderle la mano, su respuesta fue sencillamente cretina y natural: le dio un manotazo, alejándola de él, no quería que lo tocara esa... esa... esa lunática altruista. Ni siquiera la miró bien, simplemente quería evitarla, quería que se largara y lo dejara solo con su dolor. En cuanto lo tocó, sus pupilas se dilataron y la empujó con tal fuerza que la azotó contra la pared, casi como si de una muñeca se tratara.

- ¡¡NO ME TOQUES, ESTÚPIDA!! -

Se lo gritó directamente a la cara, desdeñando la poca cordura que poseía, desdeñándola a ella ¿por qué era amable? ¡maldita hipócrita! Seguramente quería algo de él, debía ser una--- comenzó a tambalearse y volteó los ojos en blanco, estaba realmente pálido, quién sabe cuánta sangre habría perdido, o si había comido o descansado... la vida en el infierno, era por demás estresante. Luego de marcar un par de círculos sobre su propio eje, finalmente cayó de rodillas y se fue de costado contra el suelo, tal esfuerzo y sobresalto no hizo sino empeorar la situación. Por primera vez, Fausto caía rendido ante los encantos de una dama ¡já!
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Re: [♘] ¿Saliendo o entrando de la pesadilla? (Libre)

Mensaje por Emily Sheppherd el Lun Feb 18, 2013 2:57 am

No era realmente nada nuevo el que si interés fuera correspondido con un manotazo. En su edad había llegado a aceptar eso como parte natural de la vida: la gente es cruel. Ella lo era también. Por momentos se descubría a si misma llorando y odiando a sus padres por haberla abandonado sola en una realidad como esa. Pero sabía, por el recuerdo de tiempos mejores, de cálida bondad y sonrisas, que la crueldad podía ser normal, pero nunca correcta. Algo dentro de su corazón le obligaba a intentar no ser cruel si podía evitarlo. No estaba segura de si eso era lo correcto… ¿era hipócrita acaso al juzgar de cruel a las personas? Seguramente, y eso le dolía. Pero la asustaba demasiado convertirse en un ser cruel más, un adulto capaz de cosas malas y que hubiera olvidado lo que los otros sentían. Esa idea la aterraba.

-¡Ah! –gritó cuando fue golpeada.

Azotó contra el muro contrario del pasillo donde se encontraban. Su cabellera se agitó haciendo ese sonido sedoso que tenía por naturaleza, como el crujir de la ropa fina. Cerró sus ojos un momento ladeando la cabeza y con las manos a sus lados, apretándolas en puños. Por una fracción de segundo pensó que recibiría un golpe, pero esa idea solo obedecía a su instinto. Abrió uno de sus ojos y miró de nuevo al chico en el momento en que se desplomaba. Resonó como un costal de harina pequeño golpeando el piso. Los ojos de Emily temblaron.

-¡Oye!

Se acercó rápidamente, acortando de un solo paso la distancia que había entre los dos y se hincó a su lado. Sus rodillas se mojaron de sangre al igual que los primeros centímetros de su falda. Tendió las manos para tocarlo pero no tenía ni idea de que tenía que hacer –o si quería hacerlo de verdad-. ¿Estaba despierto? Lo movió un poco por el hombro, esperando alguna reacción. Parecía inconsciente, o al menos incapaz de levantarse siquiera. Miró a un lado y al otro antes de ponerse de pie.

-¡Ayuda, hay…! -se llevó las manos a la boca de inmediato.

¡¿Qué estaba haciendo?! Si gritaba todos la escucharían y la mirarían, incluso los monstruos. Era estúpido pensar en ellos a los diecisiete años, casi una adulta ya, al menos de cuerpo, pero no podía evitarlo. Decían que los monstruos no existen, pero cada vez que miraba a un lado podía verlos, retorciéndose, llamándola e intentando alcanzarla para devorarla. Engañaban haciéndose pasar por algo que no eran para poder hacer daño. ¿Los monstruos serían atraídos por el olor? Sabía bien que el aroma a la sangre era algo que les encantaba…
Tragó saliva y avanzó de nuevo al final del pasillo. No podía ya ser cruel, solo estaba ella a su lado, no podía abandonarlo con los monstruos.

-¡Ayuda, hay alguien herido! -gritó con algo de fuerza, pero no hubo respuesta- ¡Por favor!

Solo el silencio respondió. Volvió a mirar al muchacho y comprendió que estaban solos, nadie vendría a ayudarles. ¿Por qué habría de ser diferente? Nadie nunca llegaba. Regresó a su lado rápidamente, con sus pequeños pasos a penas sonando como un leve toque de nudillos en una gruesa mesa de madera. Apretó los dientes e intentó levantarlo.

Era cierto que ella era mayor pero su cuerpo era frágil aun como el de una niña más pequeña. Lo hizo ponerse en pie todo lo que pudo para luego inclinarse ella doblando su espalda y se pasó los dos brazos de él por sus hombros como si fuera una mochila. Sus piernas temblaron un poco mientras se mantenía en pie. Avanzó un paso, luego otro y un tercero antes de detenerse. Pesaba mucho pero creía poder sacarlo de ahí si iba despacio y se apoyaba un poco en el muro. La enfermería estaba en el piso de abajo –¡gracias al cielo!-, recordaba vagamente haberla visto durante su exploración.


-Aguanta, por favor… -fue lo último que pudo decir además de los leves quejidos a causa del esfuerzo.

[Continúa: Los muchachos no lloran]

† - † - † - †


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